Conversations with Domingo 1

Conversations with Domingo 1

José Domingo Cahuich Caamal, Biólogo de profesión, firma sus mensajes de correo electrónico con el nombre “Sunny”, que significa “soleado”.
Ser soleado es mucho mejor que ser, a secas, domingo. Hay domingos grises, lluviosos, tristes, solitarios, deprimentes. Soleado es siempre soleado.
Tiene 31 años, y aunque es de familia maya -igual que su novia, Edith Aurora-, y las familias mayas de las novias son muy rigurosas a la hora de pedir ofrendas de los novios, su suegro le dijo que siempre y cuando cuide a su hija, no necesita que él le ofrezca nada más.

Lo vi por primera vez hace un año, en el departamento 303 de ArtHouse, pero lo conocí hace dos semanas, cuando vino a pedirle permiso a mi hermano Diego para cortar uno de los únicos 5 Tzalam que hay en la reserva natural de ArtHouse. El nombre científico del Tzalam es Lysiloma latisiliquum, es de la familia Fabaceae, y sus hermanos y primos son la Acacia, el Pata de vaca, el Pata de venado, el Kitamché, el Taa k’in che, el Ruda de monte o Quiebra hacha -del que hay un único individuo en esta selva-, el Kanasin, el K’an xuul o Palo gusano, el Ja’abin -que es un árbol mágico-, y el K’aatal oox, también llamado Corazón Azul.

Le pregunté qué le pasó a ese árbol.
– Bueno, ya estaba muerto desde antes de que ustedes llegaran. Yo le dije al señor Diego que había que sacarlo, pero él me dijo que le gustaba, que prefería que lo conservemos.
– Por su expresión, parecería que usted no se quedó muy conforme con esa idea. Sonrió. Sunny quizás también signifique “sonriente”.
– Yo le dije “está bien, por eso”, pero ahora le volví a decir que hay que ponerle sogas, y bajarlo con cuidado, porque en esta temporada de vientos y de lluvia, se puede caer y dañar a las especies que lo rodean.
– ¿Cómo se lo quita? -pregunté con total ignorancia-, ¿se lo extrae desde las raíces? Respondió con el tono paciente del padre que tiene que explicarle a su hijo las cosas más básicas.
– En este caso se lo corta y se deja una parte del tronco, que cuando esté listo el jardín se puede usar como una maceta, porque tiene un pequeño agujero en el centro.
– ¿Y las raíces?
Sonrió otra vez.
– Las raíces de un árbol muerto se pudren y se descomponen con el tiempo y sirven de alimento a las otras especies que están cerca. Un árbol menos propicia el crecimiento de las especies que lo rodean.
Era el momento de hacer una pregunta que me daba vueltas hacía tiempo.
– ¿Cuántas especies hay en esta selva de ArtHouse?
Se rascó la cabeza y miró la selva a través de la ventana, como si estuviese contándolas en ese mismo instante.
– Bueno… hasta el momento hemos registrado 61 especies de flora nativa, pero cuando se haya terminado el jardín deberíamos hacer un recuento, porque yo creo que van a caerse una o dos especies en el proceso.
– Cuando usted mira el jardín botánico, ¿encuentra muchas más especies más de esas que catologó?
– No hay muchas especies más. Hay individuos, pero en total puede haber entre 65 y 70 especies.
– Y esas cuatro a nueve especies que hay alrededor, ¿no van a formar parte de este jardín botánico?
– No hay lugar para ellas aquí. Pero sí, aparte de las especies nativas, se piensa traer especies de ornato, para completar el jardín. Y dentro de esas, algunas frutales, como mango, naranja, ciruela, guayaba, plátano, y algunas otras más.
Pensé, mientras lo escuchaba hablar, que igual que los árboles y las plantas de la selva, Domingo oxigena a quien lo escucha. Dije:
– Pensábamos, para el bar y para el restaurante, tener plantas aromáticas que podamos utilizar para preparar tés, tragos, y platos, como menta, romero, tomillo, salvia, albahaca, cilantro, rábano, chile, tal vez lavanda.
– Es una buena idea, pero necesitamos un poquito más de cuidado, porque como tenemos especies de flora nativa, y como hay que destinar un espacio exclusivo para esas nuevas especies que requieren cuidado especial, se debe planificar bien para conservar la armonía.

“Mi sueño es trabajar al cuidado de un jardín botánico. Ver qué necesita cada planta, cuidar las especies de la amenaza de tarántulas o alacranes que aparecen…”, cuenta Domingo en voz baja, como si estuviera confesándose. “Desde la preparatoria me llamaba mucho la atención todo lo relacionado con la naturaleza, el cuidado del medio ambiente, estar en el monte, ver el paisaje y los animales, los procesos de cada especie. Pensé en estudiar Biología, pero desde aquél entonces me costaba mucho pronunciar los nombres científicos de las especies. Al final del sexto año me decidí, así que fui a Mérida a averiguar, pero costaba mucha lana estudiar allí, así que hice las cuentas, pero dije “aquí no me conviene”. Luego me dijeron “Chetumal”, y ahí fui, hice la ficha y ya. Terminé la carrera en 2008. Emprendí mi tesis y mi residencia en la ciudad de Chetumal, me salió un trabajo en el Departamento de Salud, donde trabajé seis meses, y entonces vine para Tulum.”

– ¿Por qué prácticamente no hay flores en esta selva?
– Bueno, esta es una selva secundaria, como una segunda generación de selva. Hay partes en Aldea Zamá en las que se trabajó la Milpa -la siembra de maíz-, y los campesinos tiraban abajo toda la flora del monte para sembrar. En aquél tiempo quizás haya habido algunas especies de floración, pero al sembrar el maíz y luego cosecharlo durante varios años, lo que luego volvió a crecer en ese suelo ya fue diferente, y no tuvo flores. Ahorita hay ciertas plantas silvestres que floran en algún momento del año, pero no son llamativas. Les ofrecí un árbol nativo, el Ka’nlol, que da flores amarillas, que se puede traer. Y al final del jardín botánico, hay cuatro individuos del árbol Kitanché, que aunque hasta ahora no ha dado flores, sé que las puede dar.
– ¿Usted sabe cuántas especies hay en toda la selva de Tulum?
– Bueno… debe haber unas cien especies.
– O sea que no hay mil, ni quinientas.
– No no, puede haber unas cien como máximo.
– ¿Qué pasa con la fauna, cuando se tiran especies? ¿Cambia?
– Es un buen punto. Cuando pensamos en plantar especies frutales, por ejemplo, vamos a atraer a varias especies de mamíferos a esta selva, así que hay que tener cuidado. Mapaches, el tejón -que prolifera en esta región, color marrón café, que anda siempre en cuatro patas y sólo se para en dos cuando va a comer-, el tepezqüintle, el xereque -que es un roedor grande color amarillo fuerte-…
– ¿De dónde son esas especies, que jamás escuché nombrar?
– De aquí. Y como en la aldea va a haber flora verde y comida, van a abundar.
– ¿Va a haber más?
– Va a haber más.
– ¿Y los reptiles?
– Acaba de pasar una sobre el muro ahí afuera, una culebra. Van a abundar. Parecía haber empezado a hablar de un tema de sus favoritos, porque sin que le preguntara nada, siguión contando.
– Hay tres especies venenosas. Son la serpiente coral, la nauyaca, y la cascabel.
– ¿Dice que hicieron limpieza y que esas especies no están más?
– Es posible que se acerquen.
– ¿Y las no venenosas?
– Están la boa, la chicotera, la buhum, la de punta de lanza, varias falsas corales -falsas porque no son venenosas-, y la culebra cabeza de perico, que es la que acabo de ver aquí. Hay más especies, pero fuera de esta zona.
– ¿Cómo nos cuidamos de las serpientes venenosas?
– Bueno, en principio, si ves una culebra, no la toques.
Me reí fuerte. Domingo se rió conmigo, sin saber de qué.
– Le confieso, Domingo, que si veo una serpiente, la conozca o no la conozca ni se me ocurriría tocarla.
Me miró compasivo.
– Ahá… -dijo-.
Y agregó:
– Cualquier animal, cuando uno se acerca, lo primero que hace es huir. Las serpientes venenosas, en lugar de huir, se enroscan para prepararse para el ataque. Pero en general se van.
Me alivió un poco la explicación. Pregunté para estar seguro:
– O sea que, si yo veo una serpiente que se enrosca, y me doy vuelta sobre mis pies y me alejo sin hacer ninguna otra cosa, ¿no me va a perseguir?
Negó rotundamente con la cabeza.
– No.
– ¿En ninguna situación?
– En ninguna. Hay muchos mitos sobre las serpientes. Aquí en la región se cuenta sobre la culebra chicotera que persigue a uno, pero es un mito, porque no lo hace. Únicamente muerden si se sienten en peligro, porque las serpientes venenosas atacan para defenderse. Por eso cuando limpiamos la selva les pido siempre a los jóvenes colaboradores que antes de meter la mano debajo de una piedra acerquen una rama de árbol para asegurarse que no hay una serpiente debajo, porque el descuido es muy peligroso.
– ¿Los venenos de las serpientes son mortales?
– Sí.
– ¿Hay antídotos?
– Sí. Se debe ver un médico con urgencia. Pero sobre todo se necesita saber qué tipo de serpiente lo mordió, para contarle al médico, porque los antídotos son diferentes.
– ¿Y cómo se sabe?
– Si no se conoce a la serpiente que mordió, debe intentar describir lo mejor posible su aspecto. También hay que descubrir el mito de que atacan con la cola, porque no lo hacen.

Domingo tiene siete hermanos. Él es el quinto árbol nativo.
Su novia, Edith Aurora, será pronto una especie adquirida en el jardín de la familia Kahuich Kamal, que probablemente agregará armonía y prosperidad, además de nueva vida. Y viceversa.

Nos despedimos con un abrazo estrecho. Los descendientes de familias mayas, a diferencia del resto de los mexicanos, no necesitan estrechar la mano antes y después del abrazo para revisar si el otro lleva armas. Con el abrazo les alcanza.

Domingo, además, tiene un diente plateado que multiplica el brillo de su sonrisa. No parece necesitar otras armas.
Y como si fuera poco firma “Soleado”.

Leer segunda parte.

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