June´s Residency – Tandem

June´s Residency – Tandem

Hoy compartimos un encuentro distendido con los dos artistas que forman parte de la Residencia de Artistas de Arthouse de junio. Es la primera vez que decidimos invitar a dos artistas en el mismo mes, a convivir en el mismo departamento (nuestro Pentgarden de 280 metros cuadrados con 3 habitaciones y piscina privada).

Mateus Bailon, brasileño, nacido en Itajai, y Fernando Montemayor, mexicano, nacido en Monterrey.

Mateus ha sido autodidacta y creado su propio estilo, pero jamás ha dejado de tener sed y hambre de aprendizaje, de transformación. Al mismo tiempo se inspira en los grabados que representan al arte tradicional japonés y en la madre naturaleza, viaja por el mundo inspirándose y compartiendo esa inspiración con la mayor variedad posible de personas. Cuenta, durante el encuentro de esta noche, que hace poco tiempo se encontró un día trabajando en una fiesta junto a Miley Cyrus, y a los pocos días trabajando en medio de una favela en el morro de San Pablo, y reflexiona sobre la vida de artista, que le permite experimentar tantas cosas distintas en tan poco tiempo, con la mayor naturalidad.

En una entrevista en 2013, Mateus hizo referencia a la metáfora de la condición humana, con las siguientes palabras: “parece que somos libres, pero no lo somos. Vivimos en pequeñas prisiones; somos verdaderamente frágiles, siempre dependiendo del dinero o de nuestros trabajos o de cualquier otra cosa. Así que somos parecidos a los pájaros y a los peces que tienen cierta sensación de libertad, pero al mismo tiempo son muy frágiles”. Debido a esta forma de pensar, su principal objetivo es producir con su arte alguna motivación para que los seres humanos vuelvan a ser libres.

 

Fernando Montemayor, por su parte, dice que Tulum le ha producido un shock, y que la cantidad de inspiración e ideas que ya presiente que va a llevarse consigo cuando termine su residencia le va a valer por mucho tiempo y trabajos por venir.

Fernando siempre trabajó modelando, tallando el mármol, la madera y luego los bronces. Últimamente ha vivido y trabajado en un taller en La Huasteca, una zona montañosa en la Sierra Madre Oriental.

Aquí en Arthouse Fernando está trabajando en la piedra maya que se encuentra debajo de todos los suelos, tallando una serpiente desplegada sobre tres rocas, inmerso en una música tribal que lo acompaña siempre, puestos sus auriculares y sus antiparras, rodeado y bañado por un polvo blanco que despide la roca en la que trabaja. Fernando no se entera de lo que pasa a su alrededor, no se percata de alguien que se acerca. Dice que en los momentos en que trabaja, su vida cobra sentido, pierde por completo noción del tiempo, se convierte en un hombre poseído por su trabajo. Confiesa que quisiera estar siempre trabajando, porque cuando no trabaja siente que su vida pierde sentido.

Fernando cuenta que un obrero de la construcción se le acercó, curioso, a preguntarle qué estaba haciendo.

– Estoy tallando una serpiente -respondió-.

– ¿Y para qué sirve eso que hace? -preguntó el obrero.

– Sirve únicamente para la contemplación.

– Ah, entonces no sirve para nada -dijo el obrero-.

Alguien dijo que el obrero, en cierta forma, tiene razón. Que para algunas personas el arte no sirve para nada. Que muchas personas de vida sencilla, que están permanentemente en contacto con la naturaleza y comprenden sus señales, no necesitan del arte como puente para acercarse a ella.

Fernando dijo que es probable que las personas sencillas no se hagan ese tipo de planteos.

Alguien dijo que hay personas que son alquimistas sin tener ni la menor idea de que lo son.

 

 

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